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Vuela por encima del agua y, cuando vez algún sabroso pez, se lanza como una flecha, y una vez que se lo come, vuela hasta la cabeza de Dingo, allí se posa suavemente y pasean juntos durante horas.
Dingo le dice admirado:
-Me gustaría ser como tú! ¡Tan ligero que puedes volar!
- ¡Eres un poquito grande para eso! ¿No?
-¡Pues yo creo que si consiguiera adelgazar unos cuantos kilos, podría aprender a volar!
- ¡Lo dudo amigo mío!- contesta Martín Pescador- ¡Te sobran kilos y te faltan alas!
Pero Dingo no se queda conforme. Tiene el propósito de adelgazar. Come poco, los días pasan y empieza a notar que los pantalones le quedan grandes.
-¡Esto funciona!- exclama feliz- ¡Estoy pasando mucha hambre pero no importa!
Y Dingo se aleja pensando en la cara que pondrá Martín cuando le vea volar encima de los árboles.
Pero ¿Qué ha pasado? Dingo está en la cama, demacrado y ojeroso. Mamá elefante le está preparando un buen caldo, ademas de varias bandejas de frutas, dos tartas y galletas. Martín le ha traido un buen pastel de pescado.
Dingo ya no tiene ganas de volar, ahora sólo piensa en comer y volver a pasear con su amigo Martín sobre su cabeza.
Texto extraído del libro: Cuentos en 1 minuto - Susaeta.








